
En el almacén
RFID optimiza los procesos y reduce el estrés por tareas repetitivas
Hace tan solo unos años, a Marianne Franklin siempre le dolían las muñecas cuando llegaba a casa después del trabajo en el almacén central de una librería de Hamburgo. Marianne era responsable de escanear manualmente los libros que se sacaban de las estanterías del almacén y de clasificarlos para enviarlos a tiendas de todo el país.
Gracias a RFID se ha eliminado este paso del procesamiento de pedidos. Marianne ahora gestiona otras tareas y se asegura de que cada contenedor de libros etiquetado con RFID pase por un lector montado cerca de una cinta transportadora. El lector extrae la información de la etiqueta RFID cuando el contenedor pasa por él.
El entorno de trabajo de Marianne ha mejorado en otros aspectos desde que se implementó RFID en el almacén. En el pasado, tenía que comprobar visualmente que todos los contenedores estuvieran llenos de libros que realmente se hubieran pedido. Miraba los libros del palé y los comparaba con una larga lista de pequeñas palabras impresas en la orden de trabajo. Si faltaba un libro, debía anotar el título y realizar su seguimiento. Ahora, RFID coteja los envíos con los pedidos, liberando a Marianne de esta tediosa labor.
Las posibilidades que ofrece RFID para mejorar el entorno de trabajo no terminan aquí. En otra parte de Hamburgo, los trabajadores del puerto usan RFID para gestionar miles de contenedores de carga que llegan por mar y se envían a ciudades de Europa por tren o camión.
Los trabajadores pueden contabilizar los contenedores con etiquetas RFID más fácilmente. Unos lectores especiales situados en largos postes escanean las etiquetas de los contenedores. Un trabajador se aproxima con un lector a una cierta distancia de la etiqueta, y la identificación exclusiva del contenedor se envía mediante una conexión inalámbrica a una base de datos que se usa para supervisar la ubicación de los contenedores en su viaje por el mundo.
Una vez cargados los contenedores en los vagones o camiones, se lee la etiqueta que llevan cuando el vehículo sale del puerto. Toda la información es digital y permite librar a los trabajadores de los formularios y garantiza a las empresas que los datos son exactos.
Cuando la mercancía llega al centro de distribución del minorista, los trabajadores sólo tienen que descargar los palés y pasarlos por un lector de RFID. Se leen las etiquetas de los palés y el sistema de la empresa se actualiza de forma precisa con información en tiempo real acerca de qué bienes se recibieron y cuándo llegaron.
Una vez más, RFID ha eliminado la laboriosa tarea de la comprobación cruzada, liberando así a los trabajadores para proyectos mucho más interesantes.
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RFID: más sencillo de lo que imagina más...
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