Garantizar la calidad de los alimentos

Con RFID, a su mesa llegan los alimentos más frescos

Nuno Carvalho ha invitado a unos amigos a una barbacoa en el jardín de su casa, cerca de Lisboa. Acude al carnicero del barrio para comprar la carne de ternera más fresca. ¿Cómo puede estar seguro de que la carne se ha procesado y transportado correctamente? Ésa es la tarea de RFID.

El carnicero de Nuno y sus proveedores usan RFID para controlar las condiciones de envío de la carne. Las leyes europeas estipulan que los alimentos perecederos deben transportarse a una temperatura determinada en lo que se denomina "cadena de frío". Si se rompe esa cadena, las empresas se exponen a perjudicar su negocio y podrían ser sancionados por las autoridades.

Documentar la cadena de frío

La cadena de frío es tan importante que la Unión Europea ha respaldado un proyecto para probar el uso de RFID en toda la cadena. Se trata de un proyecto a cuatro años, con 23 asociados en 13 países, que está desarrollando procedimientos para medir y registrar las condiciones de almacenamiento y transporte de forma precisa.

La mayoría de las empresas controlarán la cadena de frío de la siguiente manera: se adhieren etiquetas RFID con sensores de temperatura a los contenedores o embalajes de la carne. Estas etiquetas se leen en los puntos de transferencia claves cuando la carne sale de la planta de procesamiento al centro de distribución y a la superficie minorista. El sensor de la etiqueta registra la temperatura a intervalos establecidos previamente y esta información se transmite al sistema informático cuando se leen los números de identificación exclusivos de las etiquetas. El sistema informático revisa los datos de temperatura y alerta a los usuarios en caso de que no estén en el intervalo correcto.