
Del código de barras al EPC
Rayas de cebra y números insertados
El código de barras, similar a las rayas de una cebra, es una representación visual de un tipo de producto. Por ejemplo, le dice "soy un tubo de pasta de dientes", de la misma forma que un niño de dos años ve las rayas del animal que aparece en un libro y lo identifica como "cebra" y no "pony".
Volviendo a la era de la información, la nueva tecnología de identificación llamada RFID necesitaba sus propias "rayas de cebra", pero que fuesen más allá de donde había ido el código de barras en los 80. A finales de los 90, la RFID se utilizaba con normalidad en peajes y sistemas de acceso, y entonces aparecieron las primeras empresas que empezaron a experimentar con esta tecnología para controlar los procesos de producción y los artículos terminados. Estaba claro que el uso de la RFID se extendía cada vez más y que la identificación única de productos se volvería imprescindible.
Un código de barras de nueva generación
Con este objetivo, a principios del nuevo milenio un grupo de investigadores del Instituto tecnológico de Massachusetts (MIT) desarrolló el Código electrónico de producto (EPC) para RFID, una tecnología sin contacto para identificar objetos. El EPC es un código de identificación único que generalmente se considera la nueva generación del código de barras estándar.
Empresas de todo el mundo confían más y más en el EPC para la identificación única de sus productos. Esto les permite disfrutar de todas las ventajas de la RFID, como la posibilidad de diferenciar los productos medicinales de contrabando de los auténticos.
Ventajas para los consumidores
De igual forma que el código de barras, el EPC es una serie de números, pero sus posibilidades son mucho mayores. El EPC se puede asociar a información de producto específica, como fecha de fabricación, origen y destino o detalles del envío de un producto. Como el código de barras, el EPC de un tubo de pasta de dientes o de la bolsa de un diseñador nos dice, entre otras cosas, "Soy una marca de pasta de dientes determinada y mi sabor es menta", o bien, "soy una bolsa de mano de piel y soy de color marrón". Además, también puede contener información sobre los ingredientes y componentes del producto. Esto ayuda a que los fabricantes puedan asegurar la calidad y la autenticidad del producto final.
Otras ventajas: gracias al EPC, las tiendas pueden certificar la frescura de los alimentos que usted compra. También se puede utilizar para hacer un seguimiento de materiales residuales y así potenciar el reciclaje y eliminar el exceso de residuos. Por ejemplo, si los productos dañinos para el medio ambiente, como pintura o pilas, se etiquetan con RFID y se colocan junto a los residuos normales, las empresas de gestión de residuos pueden detectarlos y procesarlos de la manera apropiada.
Ya que el EPC permite la identificación de artículos individuales, la información sobre estos artículos se puede compartir de forma segura y rápida en redes empresariales existentes. Si comparten esta información, las empresas proporcionan mayor disponibilidad de productos, menos artículos agotados, autenticación de productos efectiva y pueden evitar el contrabando y robo de productos medicinales. Además, el inventario de artículos es más ligero y lleva mucho menos tiempo.
En resumen, los consumidores, como las empresas, también pueden beneficiarse del EPC de múltiples formas.
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